PRÓLOGO

Estuve encerrada, en un pequeño y frío lugar, a oscuras y sin mi móvil. ¿Que cómo llegué hasta allí? Ahora os lo explico.

Me llamo Andrea y tengo dieciséis años. Tengo dos hermanos Álex y Adriana, son mellizos y tienen seis años. Nuestra madre murió en un accidente unos meses después de que ellos nacieran, y el trabajo impide que veamos a nuestro padre durante mucho tiempo. Y, por eso, yo tengo que cuidar de mis hermanos.

En Navidad, mi tía Natalia se lleva a mis hermanos a su casa una semana con sus hijos, Sol, con cinco añitos, y Izan con siete. Así tengo tiempo para comprar los regalos para los peques.

domingo, 29 de julio de 2012

Capítulo 3


Me desperté en un coche, más bien en el maletero, junto a otra chica, morena, delgadita y muy guapa. Estaba dormida pero temblaba. El coche era un coche grande, al parecer de color negro, y se oía una conversación entre dos hombres. Uno tenía la voz grave, pero tenue. El otro la tenía más potente. Me quedé escuchando durante un rato, y de ahí pude averiguar que el hombre de la voz potente se llamaba Aarón, y planeaban hacer un intercambio. Estaba muy asustada, pero debía mantener la calma para protegerme a mí misma. Me sobresalté cuando de repente noté algo acariciando mi brazo. Era el largo pelo de la chica que estaba antes dormida. Y rápidamente me tapó la boca para que no escuchasen el típico gritito de susto.
-Hola, me llamo Emma.- Me dijo ella, susurrando.
-Eh… Hola… Yo… Yo soy Andrea.- Respondí, susurrando también.
 -Espera, ¿Dónde estamos?- Preguntó Emma preocupada.
-En el maletero de un coche, pero no sé muy bien hacia dónde vamos.- Contesté.
  De pronto el coche frenó y me di un pequeño golpe en la cabeza, pero eso no me preocupaba. Quería saber la razón de la parada.
  Observé por una rendija que el tal Aarón bajó del coche y, en su lugar, subió una mujer, con un largo pelo rubio recogido en una cola alta. Era alta y muy guapa, con unos labios rojos y muy blanca de piel.
-Hola, señor Méndez,-dijo ella, con una voz dulce- ¿qué me habéis traído?
-Son dos chicas- Dijo el señor Méndez.
-¿Vivas?- Preguntó ella. Fue en ese momento cuando casi se me para la respiración.
-Sí, señora.- Contestó el hombre.
-Bien.
  Ella arrancó el coche. Emma y yo nos quedamos dormidas durante un buen rato. Un movimiento brusco nos despertó y, rápidamente pero evitando hacer ruido, nos incorporamos para ver el lugar donde nos hallábamos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

¿Qué te ha parecido?