Me desperté
en un coche, más bien en el maletero, junto a otra chica, morena, delgadita y
muy guapa. Estaba dormida pero temblaba. El coche era un coche grande, al
parecer de color negro, y se oía una conversación entre dos hombres. Uno tenía
la voz grave, pero tenue. El otro la tenía más potente. Me quedé escuchando
durante un rato, y de ahí pude averiguar que el hombre de la voz potente se
llamaba Aarón, y planeaban hacer un intercambio. Estaba muy asustada, pero
debía mantener la calma para protegerme a mí misma. Me sobresalté cuando de
repente noté algo acariciando mi brazo. Era el largo pelo de la chica que
estaba antes dormida. Y rápidamente me tapó la boca para que no escuchasen el
típico gritito de susto.
-Hola, me
llamo Emma.- Me dijo ella, susurrando.
-Eh… Hola…
Yo… Yo soy Andrea.- Respondí, susurrando también.
-Espera, ¿Dónde estamos?- Preguntó Emma
preocupada.
-En el
maletero de un coche, pero no sé muy bien hacia dónde vamos.- Contesté.
De pronto el coche frenó y me di un pequeño
golpe en la cabeza, pero eso no me preocupaba. Quería saber la razón de la
parada.
Observé por una rendija que el tal Aarón bajó
del coche y, en su lugar, subió una mujer, con un largo pelo rubio recogido en
una cola alta. Era alta y muy guapa, con unos labios rojos y muy blanca de
piel.
-Hola, señor
Méndez,-dijo ella, con una voz dulce- ¿qué me habéis traído?
-Son dos
chicas- Dijo el señor Méndez.
-¿Vivas?-
Preguntó ella. Fue en ese momento cuando casi se me para la respiración.
-Sí,
señora.- Contestó el hombre.
-Bien.
Ella arrancó el coche. Emma y yo nos quedamos
dormidas durante un buen rato. Un movimiento brusco nos despertó y, rápidamente
pero evitando hacer ruido, nos incorporamos para ver el lugar donde nos
hallábamos.
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