Era día tres y Emma y yo habíamos quedado
para ir de compras por la mañana, en busca de ropa para la fiesta. Fuimos al
centro en autobús, y nos paramos en varias tiendas.
-¿Tendrá
piscina?- Preguntó Emma.
-¿Piscina?
No lo había pensado… Y yo no tengo ningún biquini en condiciones.
-Pues más
vale que después vayamos a comprarnos uno luego. Yo creo que sí que tengo, pero
así estreno biquini este verano.
-Vale, pues
iremos a mirar luego.- Comenté yo.
Entramos a New Yorker, y fuimos a ver los vestidos. Era una fiesta veraniega,
no teníamos que ir de gala ni demasiado “pomposas”. Vi un vestido precioso, de
cuadros azules y palabra de honor. Pero Emma también lo vio. Y no quería ir
igual que ella.
-¿Te gusta?-
Dijo, enseñándomelo.
-Me
encanta.- Solté yo, un poco
desilusionada. Ese vestido lo vio primero ella, así que se lo debía quedar
ella. No quería discutir.
-Pues todo
tuyo, Andrea. Te quedará mucho mejor que a mí. Y eres tú la que tienes que
deslumbrar a Edu.
-Pero lo has
visto tú primero, no puedo…
-Es tuyo,
Andrea.- Interrumpió.- Pruébatelo, anda, yo sigo mirando. He visto una falda
preciosa, voy a buscar talla.
-Gracias
Emma. Te quiero. Eres como otra hermana para mí.
Emma me sonrió, y yo la sonreí también. Era
mi hermana. Me sentía muy bien con ella, a su lado. Es increíble que en un día
le hubiese cogido tanto cariño. No hay un día que no nos veamos, no sé qué
sería de mi vida sin ella. Emma me convenció para que fuese a la fiesta, y no
sabía lo que me esperaba en ella.
Fui a los probadores. Mierda. No había
ninguno libre. Salí a mirar cosas cerca de los probadores por si salía alguien.
Había shorts y camisetas. Casi todas
con las banderas de Inglaterra o de Estados Unidos. No sé qué tiene la gente
con ellas. Salió una chica de los probadores, y yo, rápidamente, me metí. Me quité
la camiseta y la falda, me puse el vestido, me coloqué el pelo y me miré al
espejo. Me quedaba fenomenal.
-¿Andrea?-
Escuché. Era Emma.
-¡Aquí!-
Dije, sacando la mano para que me viese.
-¿Puedo
pasar?
-Claro,
pasa.
Entró en el
probador, me miró y me di la vuelta como pude.
-Estás
preciosa, Andrea.- Comentó.- No sé si Edu se pondrá celoso cuando todos sus
amigos vayan detrás de ti.- Dijo, tras una pequeña carcajada.
-Exagerada.-
Dije, mirándola de reojo.- ¿Y tú? ¿Has visto algo?
-Esta
minifalda y esta camiseta.- Dijo, enseñándome las dos prendas.
-¡Qué
bonito! Me cambio y te dejo el probador. Pagamos, nos vamos a comer y buscamos
zapatos, ¿vale?
-Ok.
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