PRÓLOGO

Estuve encerrada, en un pequeño y frío lugar, a oscuras y sin mi móvil. ¿Que cómo llegué hasta allí? Ahora os lo explico.

Me llamo Andrea y tengo dieciséis años. Tengo dos hermanos Álex y Adriana, son mellizos y tienen seis años. Nuestra madre murió en un accidente unos meses después de que ellos nacieran, y el trabajo impide que veamos a nuestro padre durante mucho tiempo. Y, por eso, yo tengo que cuidar de mis hermanos.

En Navidad, mi tía Natalia se lleva a mis hermanos a su casa una semana con sus hijos, Sol, con cinco añitos, y Izan con siete. Así tengo tiempo para comprar los regalos para los peques.

martes, 31 de julio de 2012

Capítulo 9


  Era día tres y Emma y yo habíamos quedado para ir de compras por la mañana, en busca de ropa para la fiesta. Fuimos al centro en autobús, y nos paramos en varias tiendas.
-¿Tendrá piscina?- Preguntó Emma.
-¿Piscina? No lo había pensado… Y yo no tengo ningún biquini en condiciones.
-Pues más vale que después vayamos a comprarnos uno luego. Yo creo que sí que tengo, pero así estreno biquini este verano.
-Vale, pues iremos a mirar luego.- Comenté yo.
  Entramos a New Yorker, y fuimos a ver los vestidos. Era una fiesta veraniega, no teníamos que ir de gala ni demasiado “pomposas”. Vi un vestido precioso, de cuadros azules y palabra de honor. Pero Emma también lo vio. Y no quería ir igual que ella.
-¿Te gusta?- Dijo, enseñándomelo.
-Me encanta.-  Solté yo, un poco desilusionada. Ese vestido lo vio primero ella, así que se lo debía quedar ella. No quería discutir.
-Pues todo tuyo, Andrea. Te quedará mucho mejor que a mí. Y eres tú la que tienes que deslumbrar a Edu.
-Pero lo has visto tú primero, no puedo…
-Es tuyo, Andrea.- Interrumpió.- Pruébatelo, anda, yo sigo mirando. He visto una falda preciosa, voy a buscar talla.
-Gracias Emma. Te quiero. Eres como otra hermana para mí.
  Emma me sonrió, y yo la sonreí también. Era mi hermana. Me sentía muy bien con ella, a su lado. Es increíble que en un día le hubiese cogido tanto cariño. No hay un día que no nos veamos, no sé qué sería de mi vida sin ella. Emma me convenció para que fuese a la fiesta, y no sabía lo que me esperaba en ella.
  Fui a los probadores. Mierda. No había ninguno libre. Salí a mirar cosas cerca de los probadores por si salía alguien. Había shorts y camisetas. Casi todas con las banderas de Inglaterra o de Estados Unidos. No sé qué tiene la gente con ellas. Salió una chica de los probadores, y yo, rápidamente, me metí. Me quité la camiseta y la falda, me puse el vestido, me coloqué el pelo y me miré al espejo. Me quedaba fenomenal.
-¿Andrea?- Escuché. Era Emma.
-¡Aquí!- Dije, sacando la mano para que me viese.
-¿Puedo pasar?
-Claro, pasa.
Entró en el probador, me miró y me di la vuelta como pude.
-Estás preciosa, Andrea.- Comentó.- No sé si Edu se pondrá celoso cuando todos sus amigos vayan detrás de ti.- Dijo, tras una pequeña carcajada.
-Exagerada.- Dije, mirándola de reojo.- ¿Y tú? ¿Has visto algo?
-Esta minifalda y esta camiseta.- Dijo, enseñándome las dos prendas.
-¡Qué bonito! Me cambio y te dejo el probador. Pagamos, nos vamos a comer y buscamos zapatos, ¿vale?
-Ok.

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