PRÓLOGO

Estuve encerrada, en un pequeño y frío lugar, a oscuras y sin mi móvil. ¿Que cómo llegué hasta allí? Ahora os lo explico.

Me llamo Andrea y tengo dieciséis años. Tengo dos hermanos Álex y Adriana, son mellizos y tienen seis años. Nuestra madre murió en un accidente unos meses después de que ellos nacieran, y el trabajo impide que veamos a nuestro padre durante mucho tiempo. Y, por eso, yo tengo que cuidar de mis hermanos.

En Navidad, mi tía Natalia se lleva a mis hermanos a su casa una semana con sus hijos, Sol, con cinco añitos, y Izan con siete. Así tengo tiempo para comprar los regalos para los peques.

martes, 31 de julio de 2012

Capítulo 8


-¡Hola Edu!- Dije, por teléfono.
-¡Hola Andreita!- Me respondió. Andreita. Soy como su pequeña. Se me paró la respiración durante unos segundos.- ¿Qué tal te va?
-Eh… Bien, ¿y a ti?
-Perfectamente.- Dijo.
-Me alegro. Quería confirmarte que iré a la fiesta de tu tío con Emma, aquella chica que secuestraron conmigo.- Dije, mirando a Emma, que ella se reía de cómo me temblaba la voz.
-Perfecto entonces, la fiesta empieza a las ocho de la tarde, os pasaré a recoger en la plaza de delante de tu casa una hora antes, a las siete, si te va bien, con mi coche nuevo, ¡que me acabo de sacar el carné de conducir!- Exclamó alegre.
-¡Vaya Edu, enhorabuena! Pues me parece perfecto, en la plaza entonces, ¡hasta día tres! Un besazo.
-Gracias Andrea, otro para vosotras, ¡adiós!- Se despidió.
  Colgué el teléfono y miré a Emma con ojos asesinos.
-¿Qué?- Dijo riéndose a carcajadas- ¡Si temblabas como un flan!
-¿Se me notaba mucho en la voz?- Pregunté con las mejillas ardiendo.
-No, creo que desde el teléfono no se escuchaba demasiado.
-Puede que no se me haya escuchado a mí, pero se habrá asustado con tus carcajadas…- Dije jocosa.
-Bueno, al menos tengo más sentido del humor que tú.- Vaciló.
  Acompañé a Emma a su casa más tarde, llegué a casa e hice la cena para mis hermanos. Yo no tenía hambre.
-¡Adri, Álex, a cenar!
-¡Voy!- Gritó Adri, y al poco tiempo apareció corriendo a sentarse en la mesa.
-¿Y Álex?
-Jugando con la Nintendo, le he avisado, pero no me ha escuchado.- Dijo, serena.
  Fui a su habitación a buscarle, ¡qué desastre había montado! Había piezas de construcción por todo el suelo, carcasas de videojuegos rotas, ropa tirada por la cama…
-¡Álex! Recoge este desastre o no cenas.- Impuse.
-No quiero.- Y siguió jugando.
-¿Qué?- Dije sorprendida.
-¡Qué no quiero! ¡Déjame, idiota!- ¿Idiota? ¿Dónde habrá aprendido eso?
-Pues castigado sin cenar. Y te quedas sin Nintendo durante una semana.- Le dije arrancándosela de las manos.- No hace falta que salgas de la habitación hasta mañana. Buenas noches.
  Salí de su habitación cerrando la puerta, apagué la consola y la guardé bien escondida en mi habitación. Fui a la cocina, a ver como andaba Adri. Estaba seria, comiendo tranquilamente y de todo lo que tenía en el plato. No me creo que tenga seis años. Esta niñita, tan guapa como inocente, va a ser un genio cuando sea mayor. Sospecho que sea superdotada. Al verme entrar en la cocina, sonrió suavemente, masticó i tragó.
-¿Qué ha pasado, Andrea?- Preguntó. Parecía algo preocupada por su hermano.
-Nada, Adri. No te preocupes.- Dije evitando mostrar mi enfado.
-¿Nada? No lo parece.
-Tranquila. Solo es un castigo.
  Era más que eso. Me había llamado idiota. Un niño de seis años, me acababa de llamar idiota. Pero no un niño cualquiera. Es mi hermano. Y eso me dolió muchísimo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

¿Qué te ha parecido?