-¡Hola Edu!-
Dije, por teléfono.
-¡Hola
Andreita!- Me respondió. Andreita. Soy como su pequeña. Se me paró la
respiración durante unos segundos.- ¿Qué tal te va?
-Eh… Bien, ¿y
a ti?
-Perfectamente.-
Dijo.
-Me alegro.
Quería confirmarte que iré a la fiesta de tu tío con Emma, aquella chica que
secuestraron conmigo.- Dije, mirando a Emma, que ella se reía de cómo me
temblaba la voz.
-Perfecto
entonces, la fiesta empieza a las ocho de la tarde, os pasaré a recoger en la
plaza de delante de tu casa una hora antes, a las siete, si te va bien, con mi
coche nuevo, ¡que me acabo de sacar el carné de conducir!- Exclamó alegre.
-¡Vaya Edu,
enhorabuena! Pues me parece perfecto, en la plaza entonces, ¡hasta día tres! Un
besazo.
-Gracias
Andrea, otro para vosotras, ¡adiós!- Se despidió.
Colgué el teléfono y miré a Emma con ojos
asesinos.
-¿Qué?- Dijo
riéndose a carcajadas- ¡Si temblabas como un flan!
-¿Se me
notaba mucho en la voz?- Pregunté con las mejillas ardiendo.
-No, creo
que desde el teléfono no se escuchaba demasiado.
-Puede que
no se me haya escuchado a mí, pero se habrá asustado con tus carcajadas…- Dije
jocosa.
-Bueno, al
menos tengo más sentido del humor que tú.- Vaciló.
Acompañé a Emma a su casa más tarde, llegué a
casa e hice la cena para mis hermanos. Yo no tenía hambre.
-¡Adri,
Álex, a cenar!
-¡Voy!-
Gritó Adri, y al poco tiempo apareció corriendo a sentarse en la mesa.
-¿Y Álex?
-Jugando con
la Nintendo, le he avisado, pero no me ha escuchado.- Dijo, serena.
Fui a su habitación a buscarle, ¡qué desastre
había montado! Había piezas de construcción por todo el suelo, carcasas de
videojuegos rotas, ropa tirada por la cama…
-¡Álex!
Recoge este desastre o no cenas.- Impuse.
-No quiero.-
Y siguió jugando.
-¿Qué?- Dije
sorprendida.
-¡Qué no
quiero! ¡Déjame, idiota!- ¿Idiota? ¿Dónde habrá aprendido eso?
-Pues
castigado sin cenar. Y te quedas sin Nintendo durante una semana.- Le dije
arrancándosela de las manos.- No hace falta que salgas de la habitación hasta
mañana. Buenas noches.
Salí de su habitación cerrando la puerta,
apagué la consola y la guardé bien escondida en mi habitación. Fui a la cocina,
a ver como andaba Adri. Estaba seria, comiendo tranquilamente y de todo lo que
tenía en el plato. No me creo que tenga seis años. Esta niñita, tan guapa como
inocente, va a ser un genio cuando sea mayor. Sospecho que sea superdotada. Al
verme entrar en la cocina, sonrió suavemente, masticó i tragó.
-¿Qué ha
pasado, Andrea?- Preguntó. Parecía algo preocupada por su hermano.
-Nada, Adri.
No te preocupes.- Dije evitando mostrar mi enfado.
-¿Nada? No
lo parece.
-Tranquila.
Solo es un castigo.
Era más que eso. Me había llamado idiota. Un
niño de seis años, me acababa de llamar idiota. Pero no un niño cualquiera. Es
mi hermano. Y eso me dolió muchísimo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
¿Qué te ha parecido?